¡Muévete!
- migueldealba5
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Por Déborah Buiza
@DeborahBuiza
En los últimos tiempos, la vida me grita algo: ¡muévete!
Y no es porque me considere una persona sedentaria… Al menos eso digo —y miento— porque si hacemos la cuenta de cuánto tiempo paso sentada, es demasiado para el cuerpo.
Si pudieras contar las horas que pasas sentado o parado al día ¿cuántas serían?
En enero, por el cumpleaños de mi hijo menor fuimos a una experiencia de esas que están de moda, a las que llaman inmersivas.
Pensé que como la temática era de videojuegos, seguramente vería a mis hijos jugar desde un lugar cómodo, con un café… pero no fue así. La experiencia incluyó hacer equipos y jugar, lo que implicó brincar, correr, rodar por el piso y demás cosas que, en lo cotidiano, ni de chiste haces.
Y ahí estaba yo, como el oso panda de Kung Fu Panda, en nivel menos cero.
¡Muévete!
Debo compartir que tengo una historia con el tema de la actividad física: ha habido temporadas en las que le he dedicado más tiempo (incluso estudié el tema en forma) y otras en las que he estado totalmente alejada del asunto. Ahora me doy cuenta de que envejezco y ya no es opcional hacer ejercicio.
Y no, no es que de sedentarios pasemos a ser atletas de alto rendimiento o de élite, ni que entrenemos para tener un cuerpo que estéticamente cumpla con ciertos requisitos.
Se trata de ser tan fuerte, flexible, resistente y rápido como sea posible, de modo que facilite tu vida, sea lo que sea que hagas, te dediques o quieras dedicarte. Se trata de tomar conciencia de que tienes un cuerpo que necesita moverse para no atrofiarse, perder capacidades y limitar tu actividad en general.
Se trata de poner a la salud como prioridad. Y eso empieza con moverte un poco.
Te doy algunas ideas que seguramente re resutarán chocantes:
· El ejercicio no puede ser una “fase” en tu vida; hay que convertirlo en un estilo de vida; un estilo que te permita disfrutar la vida.
· Hay que renunciar a ciertas cosas ahora, para no tener que renunciar en la vejez a tu autonomía, libertad y funcionalidad.
· Es un proceso en el que activamente tienes que buscar qué ejercicio o actividad te gusta más o te va mejor por tus características y condiciones.
· Hay momentos en que no tienes ganas de ejercitarte, te cansas mucho y quieres dejarlo, pero recuerda que es algo que vale la pena.
· Es complicado encontrar un buen sensei, que te acompañe y no te desmotive. No todos tienen la paciencia, conocimientos o cuidados; no todos están actualizados; no todos cuidan a la persona o al grupo; no todos tienen la conciencia de que sus entrenados no comparten los mismos objetivos ni parten del mismo lugar, pero cuando encuentras al adecuado es fabuloso para tu proceso e incluso se convierten en personas importantes en tu vida. Sí, la práctica es individual, pero el acompañamiento correcto cambia todo.
¡Muévete!
Recientemente, en la clase de yoga me he dado cuenta de que toda la vida he hecho mal la cobra (bueno, prácticamente todas las posturas). ¿Cómo caí en la cuenta? Porque la maestra se dio el tiempo de explicar y corregir las posturas.
En la última sesión le dije: “Ahora sí no logré nada. No me sale ninguna postura. Me sentí terriblemente torpe”… Con infinita calma, me respondió: “Sabes que no se trata de eso”. Y sí, tiene razón.
Es aprender a moverte, a conocerte, a saber que hay cosas a las que tal vez no prestaste atención y ahora es momento de hacerlo, de reconocer que tu cuerpo tiene un rango de movimiento y entender que te transformarás poco a poco.
Es permitir al cuerpo gestionar mejor el estrés y dormir mejor.
Es entender que hay momentos para jugar y disfrutar de correr, brincar, etcétera.
Es saber que en una emergencia puedes correr, jalar, cargar, ponerte a salvo y hasta ayudar a alguien.
Es subir las escaleras en el metro sin que te duelan las rodillas ni dejar los pulmones o el corazón en el intento.
Es cargar el mandado de la semana, el garrafón de agua de 20 litros, a los niños que se durmieron en el camino, sostener a tu abuela convaleciente o a un amigo que requiere apoyo.
Es viajar y cargar tus maletas; caminar sin problemas; disfrutar las experiencias inmersivas sin que el cuerpo te grite ¡no podemos hacer eso!
Ahora repite conmigo: no es estética, es funcionalidad.
El tema no es verse bien, sino ser funcional.
Es que tu cuerpo actual no te detenga, sino te acompañe en las cosas, metas, proyectos y la vida que quieres tener.
En mi historia he conocido desde al profesor de educación física que me quitó las ganas de hacer ejercicio con su mala actitud —pasé años de odiar el tema y creer que el ejercicio no era para mí—, hasta a gente bastante ética, profesional y comprometida con la salud y con sus entrenados, que ha sido el espacio para entender mi cuerpo y aprender a cuidarlo.
En esta nueva temporada, sólo por mencionar a algunos en una especie de reconocimiento, he encontrado al Coach Yuck, que pone los ejercicios y corrige lo que haces, graba la práctica para que puedas observarla después (es impresionante cuando te ves y te das cuenta de que sí puedes hacerlo, pero también dónde tienes que corregir un movimiento o postura); con el instructor Francisco, de GAP, que explica la fisiología detrás del ejercicio propuesto, la forma correcta de realizarlo y adapta los ejercicios al nivel de los participantes; y con Michelle, la maestra de yoga, que nos ha llevado a escucharnos y observarnos, a darnos cuenta de lo importante que es habitar nuestro cuerpo —y eso incluye moverlo, cuidarlo y ser considerados con él—.
Sé que no tenemos mucho tiempo para ejercitarnos y que una hora al día (o a la semana) no será suficiente si pasas todo el día sentada o parada, pero hay que empezar por algo…
Y tú, ¿aún no escuchas el grito de tu cuerpo? ¡Muévete!
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