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Importante, hacer conciencia en bien de todos y del planeta



Por Fernando Silva


Las nociones del justo y responsable convivio en familia y en comunidad, requieren que tanto las autoridades correspondientes como la población en general, cultivemos la cultura de la prevención de la salud mental, física y biopsicosocial a partir de una orientación metodológica cualitativa, que facilite el reformar los criterios y costumbres en temas de salubridad, seguridad y sentido de la vida empezando desde los hogares. Para ello, basta con observar que la violencia o afabilidad familiar, escolar, profesional, laboral, emocional… se generan por una función adaptativa a través del aprendizaje vicario, que inquietantemente en múltiples ocasiones incluye conductas insociables y en ignorante oposición a los valores universales, causando diversos trastornos en el desarrollo de cada sociedad. En consecuencia, hay que advertir que en la radio, la televisión, las redes sociales, periódicos, revistas y en la Internet leemos y/o escuchamos de manera insistente sobre graves problemas como la pobreza, corrupción, conflictos bélicos, calentamiento global, racismo, clasismo, arbitrariedades de las oligarquías, violencia de género, hambruna, asesinatos, nuevo orden mundial…

Circunstancias que nos agobian, pero que podemos detener si hacemos conciencia y actuamos con responsabilidad en pro del bienestar de todo ser viviente, es decir, de todos los ecosistemas, comprendiendo que la mayoría de tan lamentables coyunturas están ligadas a la falta de equidad, empatía, afecto hacia nuestros semejantes, la mala educación, abusos, violencia de todo tipo… que en preocupante porcentaje se genera en los lugares en donde las familias o grupo de personas emparentadas conviven de manera regular. Entonces, cuánto del caos irascible se origina desde los sitios que debieran ser garantes de respeto, dignidad, armonía, honradez y valores que permitan elevar la calidad humana, por lo que nos corresponde hacer seria y sensible revisión en pro de sensibilizarnos y, con humanismo, restablecer la cordialidad, fraternidad, tolerancia, solidaridad y respetabilidad.

Aquí, nuestra capacidad de permitir y aceptar las ideas, preferencias, formas de pensamiento o comportamientos de las demás personas (la tolerancia) es la emanación ineludible de constatar nuestra falibilidad, ya que nadie puede negar lo sentenciado en la expresión latina Errare humanum est, por lo que aprender a perdonar, así como a reconocer las torpezas e, incluso, las malas intenciones, es el principio del derecho natural para la reconciliación y la paz personal, social y hasta mundial. Tal cambio en nuestro pensar y actuar contiene los ingredientes básicos de la ética y la moral. Por lo tanto, es tan simple como dejar de hacer daño y, mejor aún, ayudar en la medida de nuestras posibilidades, pero sin dejar de hacerlo.

En ese sentido, el que se llegue a considerar que los otros no ponderan sus intenciones —lo que en sí mismo es inquietante, más si resulta cierto— conlleva a algo que es recurrente, el que mucha gente considere que los demás deben de ver la vida desde su punto de vista. Lo que naturalmente no es así, ya que en cada situación hay tantos entendidos como personas involucradas en la misma, en base a sus conocimientos, así como a sus valores. Asimismo, hay que advertir que tendemos a filtrar la información que nos llega a través de nuestras interpretaciones, juicios, cultura, discernimientos, intuiciones y sentimientos y, de acuerdo con ello, admitimos o repelemos. A más de que no suelen darse la oportunidad de revisar que la noticia sea confiable o que resulte falsa. De ahí que la buena comunicación parte de saber escuchar, impolutos de interpretaciones que transfieran la bizarría hacia enfermizas querellas. Por añadidura, ser buen emisor y/o receptor implica como elemento fundamental la empatía. A lo anterior, habría que atender la importancia del diálogo en familia que, dicho sea de paso, es entender la diversidad manifestada en cada una de las personas emparentadas y que gravita en la relación interindividual, en la idea de que tal vínculo es, ante todo, un impulso relacional que no necesariamente hace referencia a lazos de sangre. Por ello, hay que ponderar que «La familia» sigue siendo —a pesar de las viables polémicas y/o recelos que se ciernen sobre ella— el núcleo esencial en la constitución de la personalidad e individualidad de cada integrante, por consiguiente del buen o mal proceder, tanto en lo personal como en lo social.

Un aspecto de relevancia, es que la educación resulta tan importante que no se puede dejar en manos de personal docente, pedagogos, mentores, vecinos, amistades e, incluso, de las instituciones gubernamentales, ya que la trascendental labor corresponde fundamentalmente a los integrantes de la familia. Asimismo, comprender que para lograr conspicua eficacia es conveniente incluir al mayor número de parientes, ya que es una faena permanente que encuentra en el ejemplo individual y colectivo la principal fuente de enseñanza, particularmente, hacia los menores de edad. Es contundente observar que en tan significativa participación, se generan un sinnúmero de recompensas en las relaciones entre factores sociales, psicológicos, así como de un espléndido comportamiento al cultivar valores humanos, además de un categórico aumento en la calidad de vida de todos los copartícipes, más allá de que se considere un concepto escabroso de delimitar por el hecho de integrar tanto factores objetivos como subjetivos.

Al respecto, el enfoque holístico considera a todo ser humano como un impresionante y sensible organismo que adquiere conocimientos y habilidades en cada una de las fases por las que atraviesa, sin dejar de escrutar que los criterios objetivos correspondidos con particulares observables, nos facultan para evaluar la capacidad o la funcionalidad de cada uno de nosotros. Siguiendo este criterio, la salud física, el estado cognitivo o las actividades realizadas en la vida diaria serán algunos de los indicadores de las buenas o malas decisiones al determinar: Disculpar o condenar, respetar o despreciar, ayudar o desamparar, cultivar valores éticos-morales o manifestar actitudes negativas, aprender o ignorar… En contraste, la exteriorización de grados de bienestar ante dificultades objetivas y factores de riesgo sociodemográfico o contextual —que intuitivamente corresponderían a infelicidad— nos lleva a plantear criterios subjetivos como la felicidad, la satisfacción y el sentido de coherencia, mismos que concentran las percepciones y valores que incluyen tanto aspectos emocionales como cognitivos.

Entonces, en favor de temas de salud, seguridad, educación, alimentación, violencia de todo tipo, racismo, clasismo, abusos de oligarquías, así como cualquier inconveniente de orden ético y/o moral, es importante hacer conciencia en bien de todos y del planeta, evitando consumir productos chatarra, ejercitándonos en la medida de nuestras posibilidades, conviviendo en tolerancia y empatía, respetándonos y brindando afecto, denunciando sin miedo a los malhechores, educándonos con dignidad, haciendo valer los derechos humanos, no tirando basura en las calles, ríos o mares, pensando hacer el bien, elevando la calidad humana con el digno ejemplo, practicando alguna de las expresiones estéticas o dramáticas, escuchando música que no altere el estado de ánimo, visitando a los parientes con alegría, sonriendo hasta el agotamiento, disfrutando de lo que se ha logrado legítimamente, conociéndonos a nosotros mismos… Son parte de los principios y recursos para que de manera corresponsable apliquemos, haciendo uso de las medidas y acciones necesarias para la salvaguarda de la vida, la lozanía física-mental, la integridad y la formación en bienestar de quienes nos asumimos Homo sapiens sapiens, defendiendo la democracia y el Estado de derecho, custodiando los bienes históricos-culturales-patrimoniales (tangibles e intangibles), cuidando del medio ambiente y la biodiversidad, amparando la libertad de pensamiento y de expresión, educándonos con valores morales… Si atendemos éstas y otras particularidades con la convicción de ser mejores personas y con sentido social, seguramente lograremos vivir en sociedades lo más cercanas a mundo feliz. Por lo menos intentémoslo ¡Tenemos todo para lograrlo!

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