La conejita protagonista
- migueldealba5
- 25 feb
- 2 Min. de lectura

¿Te pasa que compartes algo que te entusiasma y hay quien lo interpreta como presunción? ¿Te han juzgado por hablar de tus logros, tus aprendizajes, tus aventuras?
A veces contar nuestras experiencias incomoda a quienes no vivendo las suyas. Por eso hoy te presento a Liora Elena, la conejita protagonista.
En el Bosque del Viento Vivo vivía una conejita que era criticada por contar sus experiencias.
— ¡Siempre habla de lo que hace…!
— ¡Seguro exagera...!
— ¡Ha de inventarlo...!
— ¡Pobrecita, cómo le gusta llamar la atención…!
La conejita no hablaba de otros, sino de sí misma. Y es que de uno puede hablarse con verdad, pero habler de los demás casi siempre es chisme.
A Liora le gustaba correr aventuras, aprender cosas nuevas, tomar cursos, explorar senderos desconocidos y mirar el mundo con los ojos bien abiertos. Era curiosa por naturaleza y esa curiosidad la había llevado a vivir experiencias que a otros animales les parecían extrañas… o innecesarias.
Mientras unos repetían rutinas, ella coleccionaba historias.
La conejita se sorprendía al notar que la juzgaban, en vez de celebrar su entusiasmo. Decían que quería ser protagonista.
— ¿Quién no querría protagonizar su propia vida? — pensaba. Si no soy la protagonista de mi historia, entonces ¿quién? Si yo no la cuento, ¿quién lo hará?
Una tarde, confundida y triste por los murmullos, buscó a la Lechuza Sabia.
— Si lo que haces te gusta y no lastima a nadie, no dejes que las críticas te apaguen— le dijo. Mientras tu intención no sea humillar ni presumir desde la soberbia, sino compartir desde la alegría, sigue adelante. Sé auténtica, sé sencilla, sé empática… y brilla.
Tras una pausa añadió:
— Siempre habrá quien se incomode con el brillo de tu luz y la llame exageración, pero quien te quiere de verdad celebrará tus pasos y escuchará tus historias con atención.
La conejita entendió que compartir no es presumir cuando nace del entusiasmo y la autenticidad, y que narrar la propia vida es un acto de autorreconocimiento y gratitud, no vanidad.
Liora siguió corriendo, aprendiendo y contando, no para convencer a nadie ni para competir, sino porque estaba viva y quería exprimir cada experiencia. Y contarla era volver a vivir esa experiencia.
Y así te lo cuento: en la vida de los demás seremos personajes secundarios, pero en la nuestra somos los protagonistas. Sería una pena vivir la vida en silencio por miedo a incomodar a alguien con nuestra voz y el brillo de nuestra luz.
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