La crisis climática se convirtió en una crisis de salud
- migueldealba5
- hace 12 minutos
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Por Redacción
La idea de que el cambio climático es sólo un problema ambiental quedó atrás. Hoy la evidencia es contundente: estamos ante una crisis de salud pública global que enferma y mata a millones de personas.
La salud humana depende del clima y del estado de la biósfera. Cuando uno falla, el otro también.
Un planeta enfermo, personas enfermas
El cambio climático no es una amenaza a futuro. Es presente, medible y cada vez más agresivo. Sus impactos golpean la salud humana desde múltiples frentes:
fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos;
olas de calor cada vez más letales;
aire contaminado por combustibles fósiles e incendios;
expansión de enfermedades infecciosas;
crisis alimentarias que derivan en malnutrición, y,
aumento de trastornos mentales, incluida la ecoansiedad.
Y los más vulnerables son quienes menos han contribuido al problema.

¿Cómo daña el cambio climático tu salud?
Eventos extremos: entre 1970 y 2021 murieron más de dos millones de personas por desastres climáticos, y 90 por ciento de esas muertes ocurrieron en países de ingresos bajos y medios.
Tormentas, inundaciones y deslaves no solo matan, también destruyen hospitales, colapsan sistemas de salud y dejan a comunidades enteras sin atención médica.
Calor extremo: en 2023, Europa registró cerca de 50 mil muertes por calor. Para 2100 se estima que dos mil millones de personas estarán expuestas a calor extremo y que las temperaturas podrían alcanzar niveles fisiológicamente peligrosos, toda vez que el cuerpo humano tiene límites y el clima los rebasa.
Enfermedades infecciosas:
El cambio climático replantea el mapa de las enfermedades, porque los mosquitos portadores de dengue, zika y chikungunya llegan a nuevas regiones; las inundaciones disparan enfermedades como el cólera; la malaria podría poner en riesgo a cinco mil millones de personas para 2040 y la alteración de los ecosistemas aumenta el riesgo de nuevas pandemias zoonóticas.
Malnutrición: las sequías, inundaciones y cambios estacionales afectan la producción de alimentos, con el resultado de que 98 millones de personas adicionales enfrentaron inseguridad alimentaria grave en 2020 por eventos climáticos extremos.
No se trata solamente de hambre, sino de salud deteriorada, desarrollo limitado y mayor vulnerabilidad a enfermedades.
Contaminación del aire: 99 por ciento de la población mundial respira aire contaminado.
La quema de combustibles fósiles —motor del cambio climático— también provoca enfermedades respiratorias, problemas cardíacos, cáncer y daños neurológicos. Se estima que, cada año, la contaminación del aire causa 6.7 millones de muertes.
Salud mental:
Un tema que apenas comienza a tomarse en serio es la salud mental climática, que provoca traumas por desastres, estrés por pérdida de hogares o sustento y ansiedad constante por el futuro (ecoansiedad). Esta última, especialmente en jóvenes, para quienes el clima ya no se trata sólo de ciencia, sino de angustia existencial.
La desigualdad: el cambio climático no afecta a todos por igual; profundiza las desigualdades existentes. Por ello, los más afectados suelen ser las personas en pobreza, las comunidades indígenas, mujeres y niños, adultos mayores o con discapacidad.
¿Qué deben hacer los países?
La solución a lal problemática de la relación cambio climático – salud no es técnica, sino política.
Los países deben incorporar la salud en sus medidas de mitigación, preparación y adaptación al cambio climático, lo que incluye cuestionar en profundidad los sistemas construidos —dependientes de los combustibles fósiles, el uso insostenible de la tierra y las prácticas agrícolas, la deforestación y el crecimiento urbano descontrolado—, que impulsan el cambio climático e intensifican las consecuencias para la salud, sobre todo para los grupos vulnerables.

Los gobiernos deberían haber hecho desde hace tiempo lo siguiente:
1. Integrar clima y salud.- Las políticas climáticas y sanitarias deben ir juntas. A la fecha solamente 32 por ciento de los planes climáticos nacionales mencionan a la salud.
2. Construir sistemas de salud resilientes.- Hospitales que resistan eventos extremos; usen los datos climáticos para anticipar brotes y mantengan operaciones durante crisis.
3. “Ecologizar” el sector salud.- Para empezar, hay que reconocer que los sistemas de salud generan 4.6 por ciento de las emisiones globales y uno de cada tres establecimientos de salud carece de recursos para gestionar sus desechos.
La transición a energías limpias reduce emisiones, pero también mejora la atención y disminuye los costos.
Los organismos internacionales y algunos gobiernos ya empezaron a reaccionar. En la COP28, en 2023, fueron 148 países los que reconocieron oficialmente la relación entre el clima y la salud. Sin embargo, reconocer no es lo mismo que actuar.
Hoy se sabe que la crisis climática no es solo ambiental, económica o política. Es una crisis humana y, como toda crisis de salud, tiene dos caminos a seguir: la prevención o el tratamiento tardío (más caro y, a veces, inútil).
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