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La esperanza tiene datos duros


© Cuartoscuro
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Por Omar Garfias

@Omargarfias

 

El gobierno se equivoca o miente al negar la crisis y afirmar que en Sinaloa sólo se viven episodios pasajeros de violencia que se han atendido bien (“baches”, dice el gobernador).

La verdad es que Sinaloa padece una crisis sostenida que sangra la economía, la salud, el patrimonio y la vida de sus habitantes. Con negarla no se va a solucionar.

En los últimos 16 meses no ha vuelto al número de asesinatos, secuestros y robos de vehículos del periodo de la pax narca previo al 9 de septiembre de 2024. Desde esa fecha, suceden el doble o el triple que antes. Mucho menos acontece la misma cantidad que, de esos delitos, registran los estados pacíficos. Respecto a ellos, está hasta 40 veces arriba.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reporta la pérdida de miles de empleos formales; el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala menor producción de bienes y servicios y que 80 por ciento de la población siente miedo de vivir en Sinaloa; los medios de comunicación informan de migraciones a otras ciudades; el Sistema Nacional de Seguridad Pública indica que es donde más vehículos roban y más se asesina, per cápita, de todo el país.

El científico Jared Diamond asienta que hay muchos posibles desenlaces a las crisis, y para explicarlo hace un paralelismo entre las sociedades y los individuos: “En el mejor de los casos, las personas consiguen desarrollar nuevos y mejores métodos para gestionarlas y salen de ellas fortalecidas. En los casos más tristes, se sienten abrumadas y retoman sus viejas costumbres o terminan adoptando métodos nuevos, pero peores. Algunos de los individuos que pasan por una crisis incluso llegan a suicidarse”.

Sinaloa vive una crisis que es la culminación de una serie de cambios que convirtió al crimen organizado en potencia económica, capturó a las instituciones del Estado y controló territorios, al tiempo que sus conflictos internos necesitaron de más violencia para dirimirse.

El binomio Rocha-Morena es incapaz de transformar y enfrentar a la nueva macro delincuencia. No rechazó el apoyo electoral del crimen organizado, el dinero para campañas, la inclusión de recomendados en el gabinete ni expulsó a sus afiliados y candidatos vinculados con delincuentes. Tampoco cerró el trato fluido que deriva en pactos de impunidad ni fortaleció a las policías locales para prevenir el delito, ni a la Fiscalía para que lo investigara y persiguiera eficazmente, ni al Poder Judicial para que lo juzgara y castigara.

Rocha-Morena pretextó el “pragmatismo político bien intencionado” para reproducir una relación con el crimen organizado que oscila entre la complicidad y la subordinación. Decidieron gobernar con el mal disque para transformar Sinaloa. Lo primero es evidente, lo segundo no existe.

La gran crisis de Sinaloa es una combinación de la crisis de inseguridad con la del modelo económico, que crece menos que el promedio nacional desde hace décadas y está golpeado por la política agrícola reciente.

Otros estados han resuelto crisis similares. Los sinaloenses no son menos capaces de hacerlo.

Lo han hecho estados con mayores problemas de geografía, más cerca del mercado mundial de drogas, como Coahuila y Yucatán, y, además, este último con mayor antigüedad en el narcotráfico.

En agosto de 1997, Sinaloa tuvo una tasa de 1.92 asesinatos por cada 100 mil habitantes, y Yucatán, 2.98. Veintiocho años después, en junio pasado, la tasa de Sinaloa fue 4.98 y la de Yucatán 0.08. En Coahuila, la tasa en junio de 2012 fue 3.43; 13 años después, 0.32.

En Yucatán el detonante del movimiento social que logró los cambios para superar la crisis fue la sangrienta toma de un reclusorio. En Coahuila, la elección de gobernador.

Un punto fundamental para superar la crisis rumbo a la construcción de un Sinaloa próspero, pacífico, equitativo e incluyente es entender que la alternativa al narco gobierno no es una narco oposición.

La fuerza social o partido político que acepta apoyo electoral, dinero, militantes, candidatos o intercambio de mensajes de la delincuencia, sólo significa un cambio de gerente del crimen organizado al frente del gobierno.

Aquellos que únicamente buscan tener un cargo, no construir una nueva sociedad, son quienes proponen “sumar a quien sea” prometiendo que ellos saben “usar a los malos”. Una oferta ingenua o mentirosa que, a donde se mire, no ha producido paz y prosperidad.

Podrá ganar un político apoyado por el crimen organizado, pero inevitablemente hará un narco gobierno. Está visto.

Las sociedades que superaron crisis similares lo hicieron por formar un movimiento social exigente del cambio, de tal tamaño y argumentos que forzaron a las fuerzas políticas existentes o crearon nuevas.  Los ciudadanos se dieron cuenta de que sus pláticas y votos son más trascendentes de lo que creían; que los conversatorios de autoevaluación honesta tejen visiones unificadas potentes y que las tímidas solicitudes en privado no dan resultados.

Superar la crisis pasa por entender que los grandes problemas exigen respuestas colectivas; que las medidas individuales tienen consecuencias cortas; que es necesario cambiar lo que no funciona y reconstruir lo que es común a todos: las instituciones, la organización social, la política.

Otro pilar imprescindible para superar la crisis es construir un programa de emergencia que identifique los cambios necesarios en las políticas para generar seguridad ciudadana; prevención del delito, investigación, persecución y justicia; crecimiento económico, empleo, desarrollo de la agricultura, pesca, turismo y nuevas áreas; mayor acceso a educación, salud, vivienda, servicios básicos. Todo ello con sostenibilidad ambiental y desarrollo urbano.

Un programa de emergencia ambicioso que rompa con la inercia de decadencia, un cambio fundamentado para dejar de hacer lo que no funciona.

Esta puede ser la crisis que obligue a cambiar la relación del estado con el crimen organizado. Dos factores favorables son que el tipo de drogas químicas que dominan el mercado hace posible prescindir de Sinaloa como centro logístico y que la opinión pública mundial está observando lo que sucede.

No hay que prolongar la vida de violencia-culiacanazos-pax narca, de crecimiento económico mediocre y pobreza.

Se puede. Hay coyuntura internacional, potencialidades económicas, necesidad, inconformidad y, sobre todo, mucha gente de bien, conocedora y capaz.

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