Lo efímero y la ilusión del después
- migueldealba5
- hace 4 horas
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Por Déborah Buiza
@DeborahBuiza
Afuera de mi casa, justo en la banqueta, empezó a crecer una pequeña planta. Al principio parecía sólo hierba, pero al paso de las semanas brotaron unas diminutas flores. Se veía hermosa y grandiosa, desafiando el pavimento en medio de una transitada avenida.
Pasaron los días y siguió su crecimiento. Noté que en la noche cerraba sus pétalos y los volvía a abrir en el día. Me daba gusto verla al salir y al regresar. Confieso que la jardinería no es lo mío —planta que intento cuidar, planta que no prospera—, así que ver algo tan pequeño y perfecto abrirse paso en el concreto me daba simpatía y alegría. Como me gusta la fotografía, tomé una foto.
Una noche, al regresar, vi que tenía más flores. Pensé fotografiarla de nuevo para registrar su evolución, pero como era tarde dije: mejor mañana.
No hubo mañana.
Al día siguiente, muy temprano, pasó el personal de limpia para barrer la calle. La arrancaron con sus escobas, sin siquiera darse cuenta de que estaba ahí. ¡Era tan pequeña!
Cuando salí ya no estaba. Sentí mucha pena. Era tan bonita y nadie más la había notado. También me pesó haber pospuesto la foto. Por dejarla para mañana me perdí de registrar sus últimas horas.
¿Cuántas veces asumimos que nos sobra el tiempo?
Después le llamo.
Después salimos.
Después le digo que le quiero.
Después le dedico tiempo.
Asumimos la garantía del mañana y posponemos, hasta que la realidad nos recuerda que no siempre llega el después. El tiempo es efímero, aunque solamos actuar como si fuera abundante e inagotable.
Pasaron unos días en que la idea de que dejé para después la foto de la plantita que ya no existe rondó en mi cabeza. Tanto que quise compartirlo.
Hoy, de regreso a casa, miré el espacio vacío que dejó la planta y encontré una sorpresa: una diminuta hoja crece de nuevo. Esta vez no lo dejé para después. Tomé la foto en ese instante.
Es emocionante ver reaparecer a la planta a pesar de todo: el pavimento, el tránsito agitado y las escobas. Está ahí de nuevo, en crecimiento.
Hay tantas pequeñas cosas perfectas en sí mismas que existen de manera silenciosa en nuestro entorno, sin pedir nada. Te invito a detenerte y observar a tu alrededor. Estoy segura encontrarás alguna sorpresa.
Quiero dejar una reflexión: el presente es el único espacio real donde transcurren las cosas. Vale la pena preguntarnos qué posponemos hoy bajo la fantasía de que el tiempo siempre va a esperarnos.
Y tú, ¿qué dejas para después sin darte cuenta de que —tal vez— no exista el después?




