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Más vale prevenir...



Temas Centrales


Por Miguel Tirado Rasso

 

Tarde o temprano, el gobierno

deberá quitar el manto protector

a los políticos comprometidos

con el narcotráfico y abrir

carpetas de investigación.

 

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. La frase, atribuída a Porfirio Diaz (aunque el autor fue el político y periodista Nemesio García Naranjo), podría encajar ahora como lamento de lo que vivimos en el segundo período de la Presidencia de Donald Trump, un personaje que ha roto reglas, protocolos, prácticas diplomáticas, usos y costumbres de toda índole, para imponer un estilo personal de gobernar que poco tiene que ver con la política tradicional.

El empresario metido a la política se maneja como un gran CEO (Chief Executive Officer), máxima autoridad y responsable de la dirección estratégica y operativa de una empresa, según la definición del cargo, sólo que no se trata de una empresa, sino del país más poderoso del planeta.

Como presidente de los Estados Unidos, actúa sin límites. Busca consolidar la supremacía de su país —“Hagamos a EUA grande de nuevo” fue su lema de campaña— y no duda en usar cualquier instrumento de poder: militar, económico o político.

En una larga entrevista concedida al New York Times, le preguntaron si había límites a sus poderes globales, a lo que respondió que sí. “Hay una cosa: mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme…No necesito el derecho internacional”.

Y a la pregunta de si su gobierno debía respetar el derecho internacional, respondió que sí, pero que él sería el árbitro cuando las limitaciones se aplicaran al país. Trump considera que la fuerza nacional, más que las leyes, los tratados y las convenciones, debe ser el factor decisivo en los conflictos internacionales.

Trump es el personaje que tiene la mira puesta en nuestro país; quien en su primer día de gobierno, mediante una orden ejecutiva, anunciara que los cárteles del narcotráfico en México serían catalogados como organizaciones terroristas extranjeras, al alegar que constituyen una amenaza a la seguridad nacional de los EUA al traficar drogas como el fentanilo, que han ocasionado la muerte de miles de norteamericanos cada año. Desde entonces, las presiones hacia el gobierno mexicano en el tema de la lucha contra el narcotráfico no han cesado.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que, en varias conversaciones, el mandatario norteamericano le ha ofrecido ayuda militar para acabar con los cárteles de la droga. Invariablemente, la respuesta ha sido “gracias, pero no; gracias”, rechazo que, para el estilo Trump, no le ha de caer muy bien al neoyorquino.

México ha enviado a las autoridades norteamericanas más de 50 narcotraficantes de alto perfil, destruido decenas de narcolaboratorios, asegurado toneladas de drogas, detenido a cientos de narcotraficantes, pero no es suficiente para Mr. Trump.

Tras la captura de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores por fuerzas militares norteamericanas, acusados —entre otros delitos— de conspiración para introducir cocaína en Estados Unidos, las presiones hacia México subieron de tono.

Trump insiste en su discurso que México es controlado por los narcotraficantes y que “algo habrá qué hacer con México”, por lo que a pregunta de un periodista, señaló que no descarta usar la fuerza militar para atacar a los cárteles directamente en territorio mexicano, aunque no tiene planes de hacerlo por el momento.

Ante sus declaraciones de que va a empezar “a atacar a los cárteles de la droga por tierra. Los cárteles están controlando México”, la presidenta Sheinbaum instruyó al secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, hablar con Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, para dar seguimiento al Programa de Cooperación Fronteriza.

Quizá el comentario que hizo el funcionario estadounidense tras la plática con el canciller, de que México necesita ofrecer resultados tangibles en la lucha contra los cárteles, hizo que la presidenta buscara una comunicación con Trump. Los mandatarios hablaron y, según la versión de Palacio Nacional, en 15 minutos se descartó una intervención militar norteamericana. La Casa Blanca, por su parte, no hizo comentarios.

Trump quiere que el gobierno mexicano actúe contra funcionarios que tengan ligas de complicidad con narcotraficantes; contra las autoridades que protegen y permiten actuar a los cárteles con absoluta impunidad. Y qué mejor si los extraditan.

Con la información que recaban de las declaraciones de los narcotraficantes sometidos a juicio, más lo que pueda aportar Nicolás Maduro, las agencias estadounidenses deben tener bien ubicados a quienes, desde el poder, han amasado fortunas por el “cobro de piso” a los cárteles de la droga.

Tarde o temprano, el gobierno deberá quitar el manto de protección a los políticos comprometidos con el narcotráfico y, por lo menos, abrir carpetas de investigación. Es claro que las amenazas de Trump no son meras baladronadas. México es un vecino muy importante para los EUA, pero una de las banderas trumpianas es acabar con quienes trafican drogas, en especial el fentanilo, por razones de seguridad nacional, argumentan. Esto justificaría acciones indeseables para nuestro país. Un gran riesgo para México, sólo por continuar con la protección de quienes decidieron actuar del otro lado de la ley. No vale la pena.

Enero 15, 2016

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