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Nunca dar por sentado el amor...


Por Déborah Buiza

@DeborahBuiza


En estos tiempos postpandemia no es fácil coincidir y establecer relaciones de pareja duraderas y sanas, y si bien todos los vínculos tienen sus dinámicas, tiempos y  fechas de caducidad, valdría la pena reflexionar sobre lo que ponemos en las relaciones de pareja porque, como dicen por ahí, “aunque todo está destinado a terminar, lo que se cuida puede que dure un poco más”.

En una relación de pareja hay tres “entes”, por llamarlos de alguna forma: tú, la otra persona y la relación en sí. Hoy te propongo las siguientes preguntas para explorar de inicio qué aportas a la relación y si entre eso hay algo que podrías hacer diferente:

  • Si fuera cierto que uno da lo que es, o que uno da lo que tiene, ¿qué das en tus relaciones? ¿Cuánta atención das a tu pareja? ¿Cuánta validación? ¿Cuánto tiempo de calidad? ¿Cuánta cercanía y conexión emocional? ¿Cuánta empatía, cuidado y apoyo? ¿Lo que das es suficiente para ella?

  • ¿Cómo demuestras tu apoyo, tu afecto y tu aprecio?

  • ¿Cómo externas tus molestias, incomodidades o inconformidades?

  • ¿Qué detalles tienes con tu pareja?

  • ¿Cuánto esfuerzo pones en conocer a tu pareja, en interesarte por sus cosas?

  • A la semana ¿cuánto tiempo y trabajo interno te dedicas para poder ofrecer lo mejor de ti a la relación?

  • ¿Te has planteado si hay algo de lo que haces que sea un factor que deteriora tus relaciones?

  • ¿Qué aportas a la otra persona? ¿Su vida a tu lado es más sencilla, fácil, divertida, tranquila?

Hace años, en un curso sobre parejas, un profesor decía que uno debería tratar bien al otro en defensa propia, bajo la premisa de que si tratas bien al otro, el otro se encontrará tan bien que, al ser tu la fuente de ese bienestar, sería más probable que buscara “devolver” ese bienestar como respuesta. Sé que esto podría parecer un intento de manipulación; sin embargo, y considerando que el otro te interesa genuinamente y existe un aprecio como para cuidarlo y procurarlo, me parece que es un ejercicio interesante.

¿Qué podrías hacer por tu pareja que generara un impacto positivo en la relación?

No soy experta en parejas, pero se me ocurren algunas cosas:

  • Observa cómo se siente amada tu pareja, qué le gusta, cómo se siente apapachada, qué le hace sentirse contenta. Las personas no son tan complicadas como creemos y, si las vemos con atención, seguramente descubriremos esos pequeños detalles que, en el momento oportuno, pueden hacer una gran diferencia, eso que transmite “eres importante para mí”.

  • Busca mejorar tus habilidades de comunicación, cuida tus formas y tus tonos. Aprende a  expresar sanamente tu enojo, incomodidades y necesidades. Deja de quejarte del otro, de hacerlo menos, de utilizar el sarcasmo, la burla o la exigencia como recurso de comunicación.

  • Establece límites. Haz acuerdos… y cúmplelos. No hagas promesas que sabes no vas a cumplir.

  • Aprende a ser empático, a validar sus emociones, a acompañar y a escuchar activamente a tu pareja.

  • Sé claro sobre lo que sientes, esperas y necesitas de la relación (si no puedes o quieres comprometerte, no ilusiones a la otra persona).

  • No generes espacios vacíos ni promuevas la incertidumbre; no metas ruido o dudas; no ocultes información importante; trata de que el vínculo sea un espacio seguro para la otra persona.

  • Acepta tus errores y busca cómo hacer mejor las cosas; no sólo ofrezcas disculpas, actúa para reparar el daño.

  • Dedica tiempo de calidad para estar con tu pareja, organiza actividades que puedan compartir.

  • Respeta a la otra persona y a la relación.

  • Demuestra tu cariño con frecuencia.

  • Trabaja en ti, resuelve tus miedos, pendientes y dolores, para que puedas ofrecer un amor sano.

¿Cuál podrías intentar?

Ten siempre presente que lo que haces impacta a la persona con la que tienes una relación; que tus acciones cotidianas, por pequeñas e insignificantes que parezcan, tienen un efecto en la persona y en el vínculo, aunque el mundo insista en que no es así.

  • Sí importa la manera en la que externamos nuestras inquietudes, deseos, necesidades y enojos.

  • Sí importa el modo como tratamos al otro; la manera en la que expresamos nuestro interés y afecto por él, y también la manera como “reparamos” el daño cuando nos equivocamos.

Tres consideraciones finales:

Al amor no podemos darlo por sentado; las relaciones de pareja son como las plantas: requiere riego y sol diario para que florezcan.

Si tus sentimientos cambiaron, tu proyecto de vida ya no es esa pareja o ya no quieres nada con ella ¡Dílo! No esperes a que la otra persona se “dé cuenta” por tus malas actitudes, indiferencias, ausencias y demás conductas que incluso pueden considerarse maltrato o abuso.

Si no sientes reciprocidad, atención, cuidado, empatía, apoyo y la consideración que necesitas, valdría la pena valorar si esa relación es nutritiva y benéfica para tu vida.

Y tú, ¿qué haces para mejorar tu vínculo de pareja?

 

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