Respetar la soberanía o doblar la apuesta ante Estados Unidos
- migueldealba5
- 11 jun
- 4 min de lectura

TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA EN MÉXICO

Por Miguel Tirado Rasso
La presidenta de Morena,
Ariadna Montiel, se refirió
al tabasqueño de Palenque
como “el presidente.”
¡Vaya lapsus!
Cuando hace 43 días la Corte del Distrito Sur de Nueva York solicitó al gobierno mexicano la detención provisional con fines de extradición de 10 funcionarios de Sinaloa, incluidos el gobernador en funciones Rubén Rocha Moya; el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez, y el senador Enrique Inzunza bajo la acusación de conspirar para importar narcóticos, posesión de armas y dispositivos destructivos y delitos de corrupción y conspiración con el crimen organizado, el gobierno de la 4T reaccionó sorprendido, molesto y ofendido.
Con anterioridad, y en lo que va del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, nuestro país ha enviado a los Estados Unidos a 92 narcotraficantes sin mayores trámites, violando el debido proceso y sin respetar sus derechos humanos. Algunos son capos de alto perfil. El gobierno habría justificado la acción como una medida de seguridad nacional y de cooperación internacional, para impedir que siguieran delinquiendo y generando violencia en el país.
Un trámite regular en la colaboración bilateral de lucha contra el narcotráfico entre los dos países. Desde entonces, el gobierno de Donald Trump ha expresado su insatisfacción por el desempeño del gobierno mexicano en el combate a las drogas. No es suficiente, habían dicho funcionarios del otro lado de la frontera. Y advertían que la expansión de los cárteles y el control que ejercían en varios estados de la República no podía lograrse sin la complicidad y corrupción en las estructuras políticas y de seguridad mexicanas.
Cuando Trump reclamaba mayor cooperación, insinuaba que México mantenía oídos sordos a las denuncias contra funcionarios sospechosos de apoyar a los cárteles de la droga. Sin decirlo, esperaba que en los traslados se incluyeran peces gordos, no narcos —de esos ya tenían bastantes— sino supuestos narcopolíticos, algo que el gobierno mexicano no tenía intenciones de hacer, al considerar que los estados señalados por su alta criminalidad eran, precisamente, los gobernados por morenistas.
Suponemos que cansados de esperar la reacción del gobierno, las autoridades norteamericanas tomaron la iniciativa de solicitar la detención con fines de extradición de diez funcionarios del gobierno sinaloense. La petición cayó mal en Palacio Nacional y colocó al gobierno en una situación comprometida.
Por un lado, la presión externa que demanda la detención de los presuntos inculpados. Por otro, un pacto no escrito que impone la defensa de los personajes de Morena al costo que sea para evitar afectaciones al movimiento, además de la exigencia procedente de Palenque de brindar impunidad a todos los suyos, a los de antes y a los de ahora.
De ahí que en una maniobra de distracción para ganar tiempo y evadir la solicitud del gobierno de Washington, sin rechazarla con argumentos inconsistentes, se contraatacó al acusar a los Estados Unidos de injerencismo, de intentar vulnerar la soberanía y hasta buscar influir en los resultados de los comicios de 2027.
De la posibilidad de que los acusados del gobierno de Sinaloa pudieran ser culpables, nada. De ese tema ya no se habla. Y de extradiciones, menos. Se dobló la apuesta al calificar la solicitud de detención como una falta de respeto a la soberanía.
Por la información que seguramente dio el gobierno estadounidense a la presidenta sobre la investigación a otros gobernadores y personajes de la política, la mandataria buscó atajar la petición al alegar falta pruebas. Agotado ese argumento, encontró en la defensa de la soberanía uno mejor. ¡Qué mejor arma que crear un ambiente hostil hacia quien nos presiona para juzgar a funcionarios y políticos corruptos!
Por eso la presidenta instruyó a su partido a realizar asambleas en todo el país en defensa de la soberanía. Seguramente en ellas se buscará despertar el añejo resentimiento contra los Estados Unidos, recordar cómo se quedaron con la mitad del territorio y estimular el patrioterismo. Esto en previsión, como dijo la mandataria, de que pretendan venir por otros. De los primeros, los de Sinaloa, ni quien se acuerde. Intocables y bien cuidados, no en balde estos presuntos narcopolíticos, son de casa.
Para rematar, la reaparición del supuestamente “político en retiro.” Presto siempre a defender a los suyos y, a su estilo, apoyar a la inquilina de Palacio, aunque el apoyo vaya en detrimento de la investidura presidencial, porque el protagonismo del de Palenque hace sombra a la mandataria con sus dichos y sus hechos.
Su intento de salvamento es politiquería pura. Despierta expectativas en muchos de los heredados incrustados en el gobierno actual. Se presenta como refuerzo para la presidenta y como el protector que necesita el pueblo ante el “embate” de funcionarios de los Estados Unidos que “traman debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de la derecha en México…”, señaló en una carta publicada.
Su reaparición fue festejada por el morenismo duro, para quienes aún es el presidente. Fue el caso de la dirigente de Morena, Ariadna Montiel, quien en una perorata se refirió al tabasqueño como “el presidente”. ¡Vaya lapsus!
Según AMLO, mientras él fue presidente “…(Donald Trump) se abstuvo de hablar mal de los mexicanos y de mencionar el muro…”. Una relación maravillosa y respetuosa, a lo que sólo le faltó agregar: no como la actual. Sin embargo, su “amigo” pudiera haberlo incluido en la lista de los buscados. Y eso preocupa.
Junio 11, 2026




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