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Acaba la emergencia, pero el COVID continua


Enfermeras en una clínica móvil de vacunación COVID-19 en Sierra Leona,

en diciembre de 2022. / © OMS/Michael Duff

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este 5 de mayo de 2023 que el coronavirus SARS-CoV-2 ya no es una emergencia pública internacional, pero eso no significa que el COVID- 19 haya dejado de ser una amenaza para la salud pública. La semana pasada, la enfermedad cobró una vida cada tres minutos y ahora mismo hay miles de personas ingresadas en las unidades de cuidados intensivos. El Comité de Emergencia de la Organización Mundial de la Salud declaró que la emergencia de salud pública que comenzó el 30 de enero de 2020 ha dejado de existir. El anuncio fue hecho por el Dr. Tedros Adhanom Gebreyesus, director general de la agencia de la ONU, quien recordó que hace mil doscientos 21 días, la OMS tuvo conocimiento de un conglomerado de casos de neumonía de causa desconocida en Wuhan, China. “El 30 de enero de 2020, por consejo de un Comité de Emergencia convocado en virtud del Reglamento Sanitario Internacional, declaré una emergencia de salud pública de importancia internacional por el brote mundial de COVID-19, el nivel más alto de alarma en virtud del derecho internacional”, explicó.

En aquel momento, fuera de China se habían notificado menos de 100 casos y ninguna muerte, pero “en los tres años transcurridos desde entonces, el COVID-19 puso al mundo patas arriba”. En ese tiempo, la OMS recibió la notificación de casi 7 millones de muertes, pero se sabe que el número de víctimas es varias veces superior: al menos 20 millones, según los datos que maneja. Además de los fallecimientos, Tedros recordó que los sistemas de salud se vieron gravemente perturbados y millones de personas no han podido acceder a servicios sanitarios esenciales, como las vacunas infantiles, vitales para salvar vidas.

Mucho más que una crisis sanitaria También explicó que la pandemia causó graves trastornos económicos, al reducir billones de dólares del Producto Interno Bruto (PIB), perturbar los viajes, el turismo, el comercio, cerrar empresas y sumir a millones de personas en la pobreza. Otros graves trastornos sociales se produjeron con el cierre de fronteras, la restricción de movimientos, el cierre de escuelas y otros muchos que continúan, como los millones de personas que sufren soledad, aislamiento, ansiedad y depresión, además del COVID largo. “El COVID-19 ha dejado al descubierto y ha exacerbado las divisiones políticas dentro de las naciones y entre ellas. Ha erosionado la confianza entre las personas, los gobiernos y las instituciones, alimentado por un torrente de desinformación. Y ha dejado al descubierto las desigualdades más acuciantes de nuestro mundo, al ser las comunidades más pobres y vulnerables las más afectadas y las últimas en recibir acceso a vacunas y otras herramientas”, aseguró. Tedros comentó que, no obstante, durante más de un año, la pandemia ha seguido una tendencia descendente, con un aumento de la inmunidad de la población gracias a la vacunación y la infección, una disminución de la mortalidad y una reducción de la presión sobre los sistemas sanitarios. “Esta tendencia ha permitido a la mayoría de los países volver a la vida antes de COVID-19”, observó.

Durante el último año, el Comité de Emergencias y la Organización Mundial de la Salud han analizado detenidamente los datos para considerar cuándo sería el momento adecuado para rebajar el nivel de alarma. “Ayer, el Comité de Emergencias se reunió por decimoquinta vez y recomendó declarar el fin de la emergencia de salud pública de importancia internacional. He aceptado ese consejo y, por lo tanto, declaro con gran esperanza el fin de COVID-19 como emergencia sanitaria internacional”, anunció. Sin embargo, advirtió que “esto no significa que COVID-19 haya dejado de ser una amenaza para la salud mundial”. De hecho, la semana pasada, COVID-19 se cobró una vida cada tres minutos y miles de personas de todo el mundo luchan por su vida en unidades de cuidados intensivos, mientras millones siguen viviendo con los efectos debilitantes posteriores a la infección.

Llama a no bajar la guardia “Este virus está aquí para quedarse. Sigue matando y sigue cambiando. Sigue existiendo el riesgo de que aparezcan nuevas variantes que provoquen nuevos repuntes de casos y muertes. Lo peor que podría hacer ahora cualquier país es utilizar estas noticias como motivo para bajar la guardia, desmantelar los sistemas construidos o enviar el mensaje a su población de que el COVID-19 no es para preocuparse”, alertó Tedros. El director de la OMS explicó que la noticia significa que ha llegado el momento de que los países pasen del modo de emergencia a la gestión del COVID-19 junto con otras enfermedades infecciosas. Tedros explicó que no es una decisión precipitada, sino originada sobre la base de un análisis minucioso de los datos. Aseguró que, en caso necesario, no dudará en convocar otro Comité de Emergencia si el COVID-19 vuelve a poner en peligro al mundo. Recordó que la OMS publicó esta semana la cuarta edición del Plan Estratégico Mundial de Preparación y Respuesta frente al COVID-19, que describen medidas esenciales para los países en cinco ámbitos básicos:

  • vigilancia colaborativa

  • protección de la comunidad

  • atención segura y escalable

  • acceso a contramedidas

  • coordinación de emergencias

Durante más de tres años, los expertos del Comité de Emergencias han dedicado su tiempo, experiencia y conocimientos, no sólo para aconsejar sobre si el COVID-19 sigue representando una emergencia sanitaria mundial, sino también para asesorar sobre las recomendaciones para los países. (…) Mis colegas han trabajado incansablemente para que las vacunas y otros suministros lleguen más rápidamente a más personas, y han contrarrestado la desinformación con información precisa y fiable”.

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