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Propuestas por servicios de salud para todos



Por Omar Garfias

@Omargarfias


Al empezar el gobierno del presidente López Obrador, 20 millones de mexicanos carecían de acceso a los servicios de salud. Dos años después, en 2020, la cifra se incrementó hasta afectar a 35 millones de personas.

En 2022, el INEGI reporta que el problema sigue en crecimiento y afecta a 50 millones de habitantes.

Aunque el presidente prometió un sistema de salud mejor que el de Dinamarca, no nos comparemos con Europa y lo haremos con América Latina.

Todos los países latinoamericanos sufrieron la crisis de la COVID-19, pero no todos empeoraron en salud tanto como México.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) registra cada año la situación de la salud de las personas de todo el mundo.

El Informe de perspectivas de la población mundial usa los datos oficiales de cada nación y las clasifica de mejor a peor.

México ocupaba, en 2019, el lugar 74 y cayó, en 2021, al 86. Tenía una calificación de 7.79 y bajó a 7.58, lo cual significa un retroceso de nueve años, a la calificación que tenía en 2012.

República Dominicana subió del lugar 88 al 80, rebasándonos, y elevó su calificación de 7.56 a 7.67. Algo hizo bien su gobierno.

En México, ahora tenemos una esperanza de vida más corta. En 2019 era de 75 años y en 2021 fue de 70. Perdimos cinco años de expectativa de vida, regresamos al nivel de 1990.

Perdimos más años que otros países latinoamericanos que compartían nuestro nivel antes de la pandemia.

Belice perdió cuatro años; Brasil, tres, y Paraguay, cuatro.

Quienes sí tienen acceso a los servicios de salud, porque son derechohabientes de los servicios públicos, se quejan de los largos tiempos de espera y, sobre todo, de la falta de medicamentos.

“No hay medicamentos, señor presidente”, le gritó un guerrerense el 22 de octubre del 2022. “No hay, pero va a haber”, respondió AMLO.

El colectivo “Desabasto cero” reportó que, en 2022, las instituciones públicas dejaron sin surtir 15 millones de recetas.

El pasado 2 de agosto, López Obrador prometió, según sus propias palabras: “darle una salida definitiva al desabasto de medicinas”.

El desabasto de medicamento se justificó por el combate a la corrupción. Sin embargo, las compras del sector salud son las que menos se hacen por concurso. El 74 por ciento del monto de la adquisición de medicinas se adjudicó directamente.

Una de las expresiones más claras del deterioro del sistema de salud es la multiplicación de los consultorios adyacentes a farmacias: ya son más de 18 mil consultorios y dan 10 millones de consultas al mes.

Necesitamos un nuevo sistema público de salud.

Que sea un sistema verdaderamente universal, que cubra a todos con los mismos derechos, no un sistema fragmentado que segregue a los no asalariados.

La fragmentación en subsistemas públicos asigna distintos hospitales y servicios, como si hubiera mexicanos de primera y de segunda.

La política del actual gobierno ha mantenido un sistema de salud segmentado y no ha aumentado la inversión pública.

Dinamarca invierte el 10 por ciento de su PIB en su sistema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el mínimo sea 6 por ciento. El 18 de junio de 2018, en campaña, López Obrador prometió invertir el 4 por ciento del PIB.

En 2019, la administración del presidente programó un gasto en Salud para 2020 equivalente a 2.95 del PIB. En plena pandemia, bajó el gasto para 2021 al equivalente a 2.66; para 2022 lo subió ligeramente a 2.93 y, en 2023, lo dejó en 2.80 por ciento, según información oficial de la Comisión de Salud, que preside el diputado morenista Emmanuel Reyes.

Los recursos son pocos y, además, no se ejercen. La Secretaría de Hacienda reportó que la Secretaría de Salud no ejerció 9 mil millones en el primer semestre de este año. De los 280 millones para sustitución y mantenimiento de elevadores, no usó nada.

Aumentemos, en 2024, el gasto público en Salud como porcentaje del PIB a 3.8 por ciento, a 946 mil millones de pesos.

Crezcamos cada año el presupuesto, de modo que existan recursos suficientes para contar con personal bien capacitado y remunerado, así como la provisión de medicinas, materiales e instalaciones.

Para tener servicios de calidad es necesaria una estrategia integral de mejora continua.

Crear un órgano independiente que mida y evalúe la calidad de los servicios de Salud pública.

Promover el uso de la tecnología mediante la telemedicina y el e-diagnóstico, como medios para expandir el alcance de servicios.

Mejorar la capacidad de los servicios de atención primaria mediante la articulación con los servicios de especialidad, utilizando las innovaciones tecnológicas, junto con mecanismos de participación ciudadana.

Promover la autonomía de la gestión hospitalaria y consolidar redes regionales de alta especialidad que eviten la concentración en pocas ciudades.

Fortalecer los procesos de formación y capacitación continuas.

Resolver el abastecimiento de medicinas.

Evolucionar hacia un sistema de salud preventivo.

Merecemos no morir de una enfermedad prevenible.

Merecemos no morir de un mal curable.

Merecemos que nuestro hogar no se inunde de dolor por el desabasto de medicinas o porque no tenemos derecho a una buena atención médica.

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